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Posts Tagged ‘aceptacion’

Hoy compartimos con vosotr@s un buen artículo que  nuestro orientador escribió en 2010 para la revista Genil sobre la aceptación de uno mismo.

     En este mundo que nos está tocando vivir cada vez hay más personas insatisfechas, que no se aceptan ellos ni lo que les rodea. La aceptación debe empezar por uno mismo. La aceptación de lo que realmente somos es clave para vivir en salud. Aceptarnos a nosotros mismos como realmente somos es una de las mejores herencias que podemos dar a nuestros hijos. Aprenderán a ser como son, a mirarse fiel y compasivamente hacia ellos y hacia los demás.

Yo no soy el que debería de ser, el que mi padre querría que fuese, ni el que fui, yo soy quien soy.”

Nuestras neurosis o patologías provienen cuando tratamos de ser quienes no somos, cuando usamos máscaras. Ser nosotros mismos es la clave de nuestra felicidad y la de nuestros hijos. Llegar a esto, suele resultar tremendamente difícil. La mayoría de las veces somos roles que ocultan nuestro yo. Nuestra profesión oculta nuestra persona: somos médicos, enfermeras, abogados, maestras, dependientes, albañiles,… Cuántas personas al jubilarse se sienten inútiles, se sienten que no sirven para nada. Cuántos adolescentes sufren identificando su cuerpo con su carnet de identidad. Nos valoramos con lo que tenemos y no con lo que somos.

Si nuestra identidad está puesta en cosas efímeras puede romperse y destruirnos fácilmente. Pongamos nuestra identidad en algo más hondo y sólido que acoja distintos momentos, alegrías y frustraciones de nuestra vida.

Decía Heráclito que lo vivo y lo muerto son una misma cosa, lo despierto y lo dormido, lo joven y lo viejo. Algunos terapeutas hablan de “Polaridades”: no se puede conocer el sueño sin tener conciencia de vigilia, es imposible la memoria sin la capacidad de olvido. Cada parte de nosotros tiene su correspondiente opuesto. Están ahí y forman parte de nosotros. No existe incompatibilidad, somos nosotros quienes los juzgamos erróneamente como incompatibles, estrechando así nuestra capacidad de darnos cuenta. No aceptar mas que una polaridad es vivir sobre una pierna. Polarizar no es dividir sino integrar. Somos fortaleza y debilidad, cansancio y energía, amor y agresividad,…

Porque así somos, podemos ser libres según lo requiera el momento y la situación. Seamos responsables y aceptemos  el dicho de que “Cada palo aguante su vela”.

José Manuel Plata

Departamento de Orientación/Integración

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Os traemos este estupendo vídeo con el cuento “POR CUATRO ESQUINITAS DE NADA” (Jerome Ruillier). Un cuento sobre la diversidad, la aceptación de lo diferente y la convivencia.

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“En las familias, además de luchar por el desarrollo de todas las capacidades del hijo con discapacidad, debemos de continuar con nuestra independencia habitual. La familia no está discapacitada (Marisa Pérez Tejeda, madre de persona con discapacidad)”.

El nacimiento de un hijo con discapacidad supone un shock dentro de la familia. El hecho se percibe como  algo inesperado, extraño y raro, que rompe las expectativas sobre el  hijo deseado. La pérdida de estas expectativas y el desencanto ante la evidencia de la discapacidad, en un primer momento, va a ser demoledor. La comunicación del diagnóstico de la discapacidad, la inesperada noticia, produce un gran impacto en todo el núcleo familiar, la respuesta  y reacción de la familia cercana a los progenitores, abuelos y hermanos va a contribuir a acentuar o atenuar la vivencia de la amenaza que se cierne sobre su entorno. La confusión y lo sentimientos de aceptación, rechazo y culpabilidad se mezclan de manera incesante, surgiendo constantemente las preguntas de los por qués “La deficiencia física, sensorial y/o psíquica  debida a lesión orgánica o no es un dato extraño al sistema familiar, soportado como una agresión del destino y, por lo tanto, acompañado de intensos sentimientos de rechazo o rebelión.

Esta nueva situación cambia los esquemas de toda la familia y, la mayoría de los padres, a pesar de tener confirmado un primer diagnóstico, inician un recorrido por distintos especialistas esperando encontrar una valoración diferente, o al menos más benigna. Posteriormente, se pasa a sentimientos de sobreprotección y rechazo, sentimientos ambivalentes que necesitan ser reconducidos. Es en esta fase  cuanto más ayuda se precisa a fin de que el hijo o hija sea atendido desde los primeros días proporcionándoles la seguridad y cariño que todo ser humano necesita en sus primeros meses de existencia.

El sentimiento de aceptación va a depender de muchos factores, entre ellos las características emocionales y personales de los progenitores, la dinámica familiar, las relaciones de pareja, los propios apoyos sociales externos, el orden  de nacimiento del recién nacido, el nivel socio cultural y económico, etc.

En medio de esta mezcla de sentimientos, la familia desempeña las mismas funciones que las demás, funciones encaminadas a satisfacer las necesidades de sus miembros componentes (función económica, función de cuidado físico, de descanso y recuperación, de socialización, de autodefinición, de afectividad, de orientación, función de educación y función vocacional). En el caso de las familias con hijos con discapacidades,  éstas no están preparadas para dar respuesta a todas estas funciones creándose situaciones de incertidumbres  en la toma de decisiones con un hijo con discapacidad: la edad preescolar, la edad escolar, la adolescencia, la adultez.

El periodo de adaptación necesita ser lo más corto posible a fin de conseguir situar a la familia como la principal educadora de su hijo/a. Hace falta que los profesionales se encuentren preparados para brindar asesoramiento en cuatro áreas: apoyo emocional que les permita gestionar sus emocionales de formar más asertiva, información que les permita valorar la nueva situación – la información que requieren los padres debería ser un elemento crucial de todo programa de intervención -, facilitación del cambio que les permita adaptarse a la nueva situación y formación en diversas técnicas que les permita intervenir en la educación del hijo o hija con necesidades educativas de apoyo específico.

Hace falta que tanto las instituciones públicas como privadas tengan en cuenta las demandas de las familias con hijos con NEAE (Necesidades Específicas de Apoyo Educativo) para, entre todos, dar soluciones y prestar los apoyos necesarios a fin de que las personas con discapacidad hagan efectiva su derecho a una educación de calidad y a una vida digna. En este sentido, los centros educativos necesitan contar con recursos materiales y profesionales especializados, docentes y personal administrativo sensibilizados a la realidad de los alumnos con discapacidades y que los padres participen activamente en la toma de decisiones y en el proceso educativo de sus hijos. Haciendo de la escuela un punto de referencia y encuentro para los padres, buscando la colaboración mutua, aprendiendo a conocernos, mostrando empatía, fomentando la comunicación…

En ello estamos.

Celia Facundo y Vicky Ávila

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